El acusado es funcionario de la Junta de Andalucía y profesor de una asignatura del último curso de Magisterio y la víctima era una alumna no presencial del tercer cuso. Según parece, no hubo contacto previo alguno con anterioridad a los hechos.
Al parecer, la joven suspendió el examen escrito de la última convocatoria de la única asignatura que le quedaba para terminar Magisterio, por lo que, para evitar tener que marcharse a otra universidad para finalizar la diplomatura, acudió al departamento de la facultad y le explicó al acusado su situación. El profesor le pidió su número de móvil y le citó de nuevo en su despacho, pero la perjudicada recibió luego otra llamada a su teléfono para pedirle que fuera a su domicilio de Málaga a las 19.30 horas del día siguiente. Ésta acudió al lugar junto a su hermana, su cuñado y un amigo, al resultarle extraño el lugar y el modo en el que había sido citada. La chica entró sola en casa del profesor. Tras mantener una breve conversación sobre su futuro profesional, el acusado le dijo que si quería aprobar tendría que hacer algo, a lo que ella preguntó que a qué se refería y, finalmente, éste le dijo que si quería aprobar tenía que darle sexo, señala el tribunal. De esta forma, ella se levantó inmediatamente diciéndole que se estaba equivocando, y él la sujetó del brazo, le levantó la camiseta y comenzó a tocarle de cintura para arriba. Llegó a tocarle el pecho, por lo que ella comenzó a gritar. La hermana, que se encontraba en la escalera, escuchó a la joven y comenzó a golpear fuertemente la puerta, por lo que el profesor la abrió y la dejó salir. Una vez fuera del domicilio, la víctima relató lo sucedido a sus amigos, que la esperaban en el portal. En ese momento, el acusado llamó al móvil de la chica, que descolgó el cuñado y al que dijo que no debía preocuparse porque estaba aprobada, como así comprobaron más tarde, una vez en casa. Días más tarde la joven fue atendida en el Servicio de Urgencias del Hospital Carlos Haya, donde se le diagnosticó un síndrome de ansiedad reactiva. La chica habló con el decano de la Universidad de Málaga (UMA) para que anulase la nota.
Por su parte, el profesor ha negado su participación en los hechos, asegurando haber faltado a su despacho tras sufrir un cólico. Por ello la citó en su casa, donde le hizo "un examen oral", tras el que le dio un cinco.
La Audiencia Provincial ha condenado al profesor a un año de prisión y seis de inhabilitación. Además, deberá indemnizar a la joven con 2000 euros por los daños morales que puede haberle causado.
Casos como el descrito no son usuales, pero ocurren de vez en cuando. Esto debe hacernos reflexionar y darnos cuenta de que hay personas que utilizan su puesto de trabajo para intentar obtener beneficios personales. La acción del profesor de la UMA es despreciable.
Sucesos como este hacen que las personas pierdan la confianza en los demás y nos hacen pensar que a nuestra sociedad le queda mucho para ser perfecta. Pero si todos nos esforzamos para que sea mejor, seguro que lo conseguiremos.
Fuente: ABC
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